¿Qué pasa cuando la tristeza no se va?

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“Melancolía” por Edvard Munch (1894)

 

Por: Fabio Lapaix

 

“Cuando me siento deprimida, no tengo ganas de hacer nada. No quiero hacer tareas, ni escuchar música, ni hablar con nadie. Solo quiero encerrarme en mi habitación y llorar. A veces me hago cortes en los brazos para aliviar el dolor mental con el dolor físico. Yo trato de estar bien, pero a veces la ansiedad es más fuerte que yo. Me siento sola, siento que todo en mi vida va mal”, expresó una estudiante de nuestra Universidad que prefiere permanecer en el anonimato.

 

¿Alguna vez has tenido un momento de intensa tristeza? Esto es completamente normal. Todos en algún momento de nuestra vida pasamos por momentos tristes tanto como por momentos de felicidad. Pero, ¿qué pasa cuando esta tristeza no se va?

 

La depresión es un trastorno grave que puede afectar a cualquier persona, sin importar género, edad o estatus socio-económico. Esta se caracteriza por un sentimiento de angustia e inmensa tristeza permanentes.

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Las personas que padecen depresión clínica decaen por la menor nimiedad imaginable, ya sea  por algo familiar, profesional o de su vida amorosa. Cuando esto pasa, están ausentes aun encontrándose entre nosotros, por lo regular con la mirada pérdida y, aunque parezcan estar alegres, esto puede ser una fachada.

 

La persona depresiva por lo general es muy irritable y se siente exhausta la mayor parte del tiempo, son retraídas y no disfrutan de las actividades en grupo, son más sensibles a la crítica, tienen dificultad para concentrarse y para tomar decisiones.

 

Algunos tips que podrían servir para ayudar a la persona depresiva a subir su ánimo: ayudarle a identificar la raíz de su tristeza, invitarle a realizar actividad física, meditar, hablar al respecto de sus sentimientos, instarla a proponerse nuevas metas a corto y largo plazo, y hacerles saber que los entendemos y estamos con ellos.

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Si eres un estudiante de la Universidad Católica Santo Domingo y ves alguno de estos síntomas en alguno de tus compañeros, o hasta en tu vida cotidiana fuera del ámbito universitario, acércate a la persona afectada y ofrécele tu apoyo. Con tu ayuda se pueden salvar vidas. Sé parte del cambio.