Un negocio singular: una zapatería y un salón de belleza

Por: Maylin Dionisio

El trabajo dignifica a las personas y si le agregas pizcas de ingenuidad y pasión mucho mejor, en el sector El Cerro de la ciudad de San Cristóbal justamente frente a Conani funcionan dos negocios separados únicamente por una cortina, y aunque pareciera no existir gran afinidad entre ambos,  su calidad ha sobrepasado  los estándares demandados por la comunidad, se trata de un centro de belleza y una zapatería.

El trabajo dignifica a las personas, dice una frase y, si le agregas pizcas de ingenuidad y pasión; mucho mejor. En el sector El Cerro, de la ciudad de San Cristóbal, justamente frente a un local del CONANI, funcionan dos negocios separados únicamente por u
na cortina, no son afines, pero funcionan. Se trata de un salón de belleza y una zapatería. La idea y el ingenio Altagracia y Rolando, una pareja de esposos que le puso creatividad a la crisis económica.

Un dicho popular asegura que cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana. Afortunadamente para el matrimonio de Altagracia y Rolando esta frase no tuvo efecto. A pesar de tuvieron que  cruzar el ¨Niágara en bicicleta¨,  hace nueve años, las penumbras  resultaron ser el motor de arranque para emprender en conjunto.

“Nosotros trabajábamos por separado y teníamos que pagar alquiler y electricidad; además la situación económica no era la mejor. Entonces, una noche mientras cenábamos se nos ocurrió alquilar este local para los dos”, dice Altagracia Tejeda, mientras organiza los rolos en un envase plástico, preparada para trabajar.

 

Salón

A las 8:30 de la mañana el sol se impregna en el humilde establecimiento de concreto, donde funcionan D`Alta salón y Nery calzados.

Altagracia de 35 años, apodada cariñosamente como “Cuchi”,madre, esposa y estilista de años. Es esbelta y con curvas pronunciadas, de pelo largo, negro y con mechas rojas.

Al poner un pie dentsalon-bellezaro de su establecimiento es fácil percibir  que estas es un centro de belleza y, es que con tantos olores a champú y tratamientos. sería imposible confundirse.

Así como la belleza es relativa, en este salón se aplica un nuevo concepto “el espacio es relativo”, con aproximadamente 40 metros cuadrados a este negocio, ubicado cerca de una carretera, no le hace falta ningún equipamiento.

Un secador de pelo  que  cuelga del techo está localizado en la esquina a mano izquierda mientras en el costado derecho descansa otro secador de pelo, de los tradicionales, los que se sostienen en el piso,  frente a este se encuentra el área de lavado. En el centro, como una especie de trono esta el asiento más esperado por las clientas, un sillón que consta de una palanca donde se varia la altura y donde Cuchi pasa el blower. Dos espejos grandes cuelgan de la pared, cinco sillas plásticas y un banquito largo y negro se encuentran en la entrada  próximo a los dos tanques de agua de donde se extrae el líquido en cubetas para lavar el pelo.

Es de admirar la destreza de esta mujer. Lava el pelo mientras  comparte con sus clientas alguna anécdota, hace los rolos, luego te acomoda en el secador y por ultimo pasa el blower.

Son muchas las ocasiones en las que terminando de trabajar con el caliente del secador de pelo debe sumergir sus manos en agua fría para atender una nueva cabeza. Aunque  de vez en cuando aparece una buena samaritana con destrezas para hacer rolos y le echa una mano, siempre y cuando la dueña del pelo que será enrolado no muestre queja.

La forma de conocer tu turno es muy sencillo, al entrar y saludar dices “¿Quién es el último? O ¿Atrás de quien voy?  Y listo ya formas parte del listado.

Para las mujeres que asisten a este negocio ponerse bellas resulta muy entretenido , pero sobre todo educativo, durante las aproximadas 2 horas que dura una persona siendo atendida, se entera de las informaciones mas actualizadas y  detalladas acontecidas en el barrio y los sucesos que van transcurriendo al instante Cuchi los informa también,  y es que esta mujer tiene espíritu y ojo de periodista,  no importa si está pasando la plancha o el blower a alguna clienta , si ve algo fuera de lugar en la calle deja todo y sale a mirar para luego relatar la historia con ademanes y escenificación incluida .

Un apagón eléctrico o en buen dominicano “que se vaya la luz” es el terror de toda mujer que entra por esa puerta con la intención de salir con su pelo brilloso y bien peinado. “¿Hace rato que llegó la luz?” “Muévete muchacha que se va la luz” “no quiero quedarme con el cabello mojado”, son las expresiones más comunes en este centro, lo curioso es que hay una planta eléctrica en la entrada.

“Hace un año que compré esta planta y no la utilizo, la gente no está dispuesta a pagar 100 o 120 pesos más, mi esposo es quien la usa en la zapatería, cuando no la tenía todas pedían que me comprara una”, aclara Altagracia.

El único requisito para ser atendido en este establecimiento es que usted tengo pelo en la cabeza, ya sea rizo, liso, largo, corto, extensiones y si aparece alguna con peluca Cuchi  asegura no tener problema. Sin importar la hora, el pelaje o el gentío en D`Alta salón se le dedica a cada cabeza la debida atención.

“Ella me pasa el blower muy bien, puedo durar toda una semana con mi pelo suelto, por eso vengo aquí”, expresa Nairobys Sánchez, una joven de 19 años.

“Mi cabello es muy crespo, sino me pasan el blower bien desde que viene una brisita se paran y Cuchi sabe manejarlo a la perfección” asegura otra de las clientas de este negocio.

 

Zapateria

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Algo que llama la atención de todo el que se detiene, asiste o  mira este establecimiento es su compartimiento, unas yardas de tela crema funcionan como zona fronteriza entre dos microempresas. A mano derecha del área de lavado se encuentra Rolando y su mundo de zapatos haciendo contraste ante la avalancha femenina que le queda al lado.

¿Qué puedes encontrar en esta zapatería? Pues aparte la  enorme cantidad de zapatos que se encuentran sobre mesas, sillas y mostradores se encuentran  tijeras, agujas, hilos y fundas nombradas que contienen más zapatos para ser reparados.

Además de reparar calzados  Rolando fabrica sandalias y chancletas con un material de cuero en colores negro, blanco y marrón  y quienes las han comprado las valoran  como buenas, cómodas y duraderas.

Rolando, un hombre tan silencioso como un ratón, pasa sus horas sentado frente a una mesa donde descansa una pulidora, la cual utiliza para fabricar  y reparar  mercancías.

La pulidora desprende polvo y este se acumula en la entrada por lo que es normal ver a Altagracia o a su pequeña niña limpiar con una escoba varias veces al día.

A este hombre se le  nota cocer  los calzados de forma calmada mientras escucha una bachata o una salsa proveniente de un radio, que al parecer tiene varias décadas en funcionamiento.

Las personas llegan con zapatillas, tenis, pantuflas, escarpines,  chancletas, es decir cualquier elemento que utilice una persona para cubrir sus pies mientras camina y necesite ser reparado llega a manos de  este hombre.

“Arréglame eso rápido, lo vengo a buscar en una hora, voy para una fiesta en lo noche con esas zapatillas” dice una sonriente mujer de unos 35 años. Situación  que  para este zapatero le resulta de lo más normal  “Así es que son los clientes dejan las cosas para último”.

Él sabe que la vida no es solo trabajo y los lunes lo ha bautizado como “el día del zapatero” y lo toma para hacerle honor a sus 24 horas entre salidas con amigos y descanso.

Aunque una zapatería no guarde relación con una peluquería sus propietarios entienden que todo funciona si se brinda un buen servicio. Altagracia confiesa que al principio a varias mujeres se les hacia extraño estar lavándose el pelo y al lado tener a un hombre arreglando zapatos, pero que con el tiempo se tornó de lo más normal y hasta practica la situación.

Jussely Solano, quien pone en manos de Altagracia el cuidado de su pelo desde 2014, asegura no molestarle la zapatería “en verdad eso no me afecta, vengo porque me tratan muy bien y hasta he traído zapatillas a pegarlas donde Rolando”

A más tardar a las 6:30 de la tarde las puertas de ambos negocios están siendo cerrados, y es que luego de reparar tantos calzados y de lavar tantas cabezas, esta pareja no quisiera convertirse en presa fácil para los delincuentes que se deslizan por la carretera en busca del dinero ganado con sudor y esfuerzo de otros.

Rolando y Altagracia son ejemplo de gente trabajadora y emprendedora, que a pesar de las adversidades que pasaron y padecen diariamente luchan por encontrar la luz al final de cada día de trabajo. Cuando las cosas se hacen con amor, entrega y dedicación, los demás lo valoran y obvian el si encaja o no una peluquería al lado de una zapatearía.